viernes, 3 de abril de 2015

LAS MIL Y UNA NOCHE

Un día nos contaron un cuento, versa sobre un país de políticos incapaces y militares honorables. Fueron muchos los que tuvieron sueños placenteros adormecidos por ese arrullo narcotizante y criminal.
Otro cuento nos ilustra sobre la incapacidad de fabricar nuestras sillas y lo importante de competir, disfrutando del placer de sentarnos sobre la comodidad de las posaderas de otros mundos, mientras nuestros trabajadores descansaban por falta de trabajo.
Hay quienes agradecen y extrañan aquellos lejanos cuentos. Uno de los relatos habla de un país repleto de personas derechas y humanas mientras festejamos en la ignorancia, embriagados por los goles de "marito" Kempes. La ficción suelen alejarnos de la cruel realidad.
En esas largas noches borrascosas, los cuentistas nos ilusionaron con una guerra que estábamos ganando, un sueño anhelado por generaciones, "nuestra bandera flameará sobre las Islas Malvinas", gloria y loor, honra sin par para nuestros militares. Nuestras "damas de caridad" donan sus joyas por televisión, como en las grandes gestas de la historia. Otras tejen a mano nuestra enseña patria,cuanto amor.
Hermosos cuentos relatados por periodistas independientes que defienden desde los medios a los valientes gestores de epopeyas, la reserva moral de la pátria, nuestros próceres modernos sin figuritas escolares.
A medida que fue amaneciendo los cuentos se fueron disipando, la realidad nos mostraba un rostro ajado, es el verdadero rostros de los engendros mal paridos por el titiritero de los relatores.
Vino un tiempo sin cuentos, como el que nos ilusiona en una frágil democracia, que es capaz de juzgar a los asesinos que organizaron las cacerías humanas, que robaron vidas y sueños juveniles; que masacraron el ideal libertarios de las grandes mayorías.
Fue corto ese período, llega el gran ilusionista, el Don Onur que escribirá el más grande de todos los relatos.
Dicen las páginas de esa novela que el país será beneficiado por el derrame de la abundancia, dice que las mayorías populares serán bendecidas cuando vivamos del dinero prestado y las empresas sean regaladas a nuestros hermanos carnales. Viajaremos por los cielos, pasando por la estratosfera. En una hora estaremos en China o Japón. Brincaremos como niños sabiendo que todo vale dos pesos, no habrá más herramientas viejas, se las usara una vez y las tiraremos por inservibles. Nada será nuestro, enajenamos el futuro e hipotecamos nuestras próximas generaciones.
El ilusionista enamora, baila con Odaliscas, almuerza con las grandes estrellas, juega al golf con su amigo Bush. El ilusionista es amado por la flor y nata de nuestra sociedad; los liberales.
Era todo hermoso hasta que alguien vino a proponernos un sueño, ya no un cuento. Un sueño que hizo realidad nuestras utopías.
Vivimos con lo nuestro, terminamos con las deudas, jubilamos millones de personas, hay trabajo para todos y todas, ayudamos a los más pobres, los chicos pueden ir a la escuela, se hicieron universidades, viviendas, recuperamos YPF, Aerolíneas, el agua, el tren. Se encarcelaron los viejos demonios de aquellos cuentos que los pintaban como héroes, siendo apenas carceleros.
Hoy los cuentistas están relatando una nueva historia, pretenden volver al país de las penumbras y retrotraernos al submundo de las pesadillas. Los cuentacuentos están listos, el que maneja las marionetas preparó las marquesinas, los protagonistas estudian el libreto a recitar.
Nosotros, el pueblo, vivimos por primera vez la más bella realidad, que como dijo Perón, es la única verdad.

Raul Ludueña






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SIEMPRE ESTARAS EN NUESTRO CORAZÓN , COMPAÑERO........

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